Nuevo año, nuevas aventuras

Nuevo año, nuevas aventuras… y pensarás: “el mismo eslogan que aparece en todas partes al llegar un nuevo año”. En este caso no es así. Nuestra invitación aquí es menos común en este mundo (lamentablemente), menos recomendada, menos elegida por las personas. Normalmente al pensar en aventuras nos imaginamos un viaje que implica recorrer más kilómetros de lo habitual. O tal vez comenzar una actividad que desafíe nuestra cotidianeidad.

Sin embargo, aquello a lo que quiero invitarte se halla más lejano, y a la misma vez más cercano, que cualquiera de aquellas aventuras que puedas estar pensando.

Gracias a estas aventuras que yo he vivido, y a las cuales te invito, he podido visitar sitios muy lejanos, a los que nunca creí que algún día podría llegar. He pensado en cosas que nunca creí que mi mente podría alcanzar. Actualmente tengo recuerdos que solo son fruto de estas aventuras, y que, de no haberlas vivido, mi memoria hoy sería muchísimo más pobre.

Aquello a lo que te invito es a abrir un libro. Ya seas amante de la lectura, o alguien que aún se familiariza con ella intentando ganar el hábito, te invito a sumergirte profundamente en la lectura este año. Dedica diariamente tiempo a los libros. Desconéctate más de las tecnologías y apuesta a las letras, a la tinta sobre el papel, a las portadas con sus grandes y maravillosos títulos.

El día que puedas enamorarte de esta actividad y halles el ocio en ella te aseguro que podrás viajar a tierras muy lejanas sin dar un solo paso físico, pero sí muchos espirituales. Podrás viajar a la Tierra Media a cargar el anillo con Frodo, a luchar con Gimli y Legolas, a aprender lo que es la amistad con Sam. O si no, podrás realizar junto a Innocent Smith un viaje para volver a gustar el verdadero sabor del mundo, de la realidad pura sin filtros…

Hay también otro tipo de viajes, más sapienciales digamos. Junto a Lewis puedes viajar en una reflexión acerca del amor, su esencia, su hondura, sus desafíos y sus enormes obsequios, para finalmente concluir con él en que fuimos hechos por y para el amor. Por su parte Chesterton puede darte un mapa que es fruto de sus reflexiones más hondas, cargadas ilimitadamente de humor y limitadamente de paradojas, para que junto a él descubras cómo la vida del hombre, que busca con sinceridad y corazón bien dispuesto, eventualmente halla la verdad, de las personas, del mundo y cuánto hay más allá de él, y cómo, graciosamente, comprende que dicha verdad ya ha sido descubierta (o revelada) hace mucho tiempo.

Nos permitimos una pequeña aclaración. Ya saben del amor que compartimos aquellos que formamos parte de la Academia de las cuatro plumas por Tolkien, Lewis y Chesterton, quienes de una forma u otra llegaron de variadas formas a nuestras vidas para cambiarlas de una vez y para siempre. Pero aun así seríamos poco dignos amantes de estos autores si solo nos redujeramos a leerlos a ellos. Si algo demuestra el amor por la lectura es que muchos son los hombres que a lo largo de la historia han regalado a la humanidad historias con las cuales podemos identificarnos tan heterogéneamente. Desde el regalo de La Ilíada y La Odisea hecho a nosotros por Homero, pasando por Dante y su Divina Comedia, hasta el Hamlet de Shakespeare y El quijote de Cervantes.

La historia de la humanidad es, paradójicamente, una historia de historias. No en vano solemos afirmar (o si no lo hacemos, deberíamos) que la vida de cada hombre es una historia que merece ser contada. Los mundos e historias que nos han regalado estos y tantos otros autores pueden ayudarnos a descubrirnos a nosotros mismos. El libro que ha perdurado hasta nuestros días, sea cual sea, es el canal de diálogo que tenemos con aquellos hombres. Y me atrevo a decir sin dudar por un momento que podemos aprender más de nosotros y del mundo, del bien y de su privación el mal, de la verdad, la belleza, la familia, la amistad, el honor y la valentía, el dolor y tantas cosas más, leyendo las páginas que nos han obsequiado que teniendo todas las horas del mundo para dialogar cara a cara con ellos. Los libros son fuente de una sabiduría que enriquece nuestra mirada de la realidad hasta tal punto que comenzamos a ver más allá de lo que nos muestran nuestros ojos. Vemos la hondura de sentido con que está cargado cada pequeño elemento del mundo, insondable por cierto, lleno de misterios y de una riqueza que definitivamente no podemos imaginar, pero que resulta una aventura el animarse a descubrir.

Valga este pequeño escrito para animarlos a desconectarse del mundo por un rato, tomar un libro y emprender la aventura de recorrer una inmensidad de páginas, para que cuando volvamos a la vida cotidiana podamos finalmente comprender que aquello solo fue una preparación para la verdadera aventura, que resulta ser la vida de cada uno de nosotros.

Atentamente,

El Sapiente Trovador

2 comentarios

  1. Janeth dice:

    Excelente, lo pondré en práctica. Saludos y muchas gracias por sus escritos y por todo lo que públican son excelentes.

  2. David Rocha dice:

    Gracias, claro que sí! Saludos desde Ecuador

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