Opci贸n por la carga (3/3)

Por Cid Ludovico

Lo que el hombre ha perdido en este siglo no es la fe, sino la raz贸n

Estimado lector, recordemos el punto principal sobre el que est谩bamos disertando:

鈥淒ios, en su infinita bondad, no quiere dejarnos sin obtener las virtudes, sin que alcancemos el t铆tulo de hombre virtuoso鈥.

Llegando al final, es preciso que no pase por alto el siguiente punto. Nuevamente, es Chesterton quien nos recuerda que es menester elegir algo, y ser ferviente coherente en ello. De todas las teor铆as que fueron establecidas a lo largo de la historia del hombre, tenemos que necesariamente elegir una. A煤n cuando se est谩 eligiendo algo malo. Y es preciso saber que toda elecci贸n se reduce a tan s贸lo dos opciones: o se busca la virtud o se busca el vicio. Si un hombre viera un problema y dijera que existen tres posibilidades, agregando a las anteriores una nueva o una 鈥渘eutra鈥, se estar铆a equivocando. Si el problema est谩 bien estructurado, s贸lo hay dos posibles caminos; quien denotara alguno m谩s o alguno menos, estar铆a estructurando incorrectamente la situaci贸n, e incurrir铆a en confusi贸n. Y m谩s a煤n, la virtud es din谩mica. Es decir, en la virtud siempre se est谩 creciendo o decreciendo, pero nunca se est谩 constante. Quien considere que su crecimiento en cierta virtud es nulo (es decir, constante), probablemente no s贸lo est茅 decreciendo sino que est茅 siendo enga帽ado por un vil y tonto servidor de Sauron como es Orugario. Por tal raz贸n, querido amigo lector, si ha permanecido conmigo hasta este momento le ruego que no permita que su alma sea aconsejada por Gr铆ma Wormtongue al rey de Rohan, sino que procure hacerse de un justo consejero.

Y he aqu铆 lo que me fascina, lo que es realmente asombroso: as铆, cuando aceptamos las misiones, aquellas de apariencia peque帽a o esas de mayor porte, entonces, uno se vuelve un jinete de Rohan m谩s. As铆, Frodo se hace un jinete m谩s. Y los jinetes se hacen Frodo y Sam. Y aquellos de la compa帽铆a del anillo tambi茅n se vuelven jinetes. Porque esto es lo maravilloso del Bien y la Virtud. Ser铆a como una 鈥渃omuni贸n de los Santos鈥. El bien se comparte y los une a todos sin importar el lugar o el momento. Son todos 茅stos un mismo ej茅rcito que cabalga hacia la muerte. 鈥溌uerte! 隆Muerte! 隆MUERTE!鈥. Y es esta, precisamente, la paradoja m谩s bella: que la muerte deja de ser tenebrosa, porque ya no es muerte, sino que se cabalga hacia la verdadera vida. Pocas cosas m谩s bellas debe haber que el saber que uno va a morir, porque, entonces, todo se alinea y orienta hacia el bien.

Imaginar la alegr铆a de los soldados de Gondor al ver a los jinetes avanzar hacia el abismo. Y pensar que esa alegr铆a fue cierta, mucho m谩s cierta de lo que uno cree. Cierta de verdad, y se materializ贸 en la fuente de inspiraci贸n de J.R.R. Tolkien: el asedio del Imperio Otomano a Viena en el siglo XVII, y su liberador el rey polaco Juan Sobiesky al frente de los 鈥淗煤sares鈥, jinetes alados. Realmente un desquicio, donde las esperanzas eran nulas. En esta descabellada batalla, las unidades musulmanas superaban a las cristianas en m谩s de diez a uno. Por la Gracia de Dios, el ej茅rcito cristiano venci贸. Y este conflicto b茅lico signific贸 el freno del avance de los otomanos sobre la Cristiandad. Podr谩 comprender el lector por que esto explica la relevancia de este enfrentamiento en la creaci贸n del escritor ingl茅s.  

Mas a煤n, lo anteriormente nombrado puede (y debe) ser elevado a un plano divino (y tengo depositada plena confianza en que as铆 ser谩). Pido disculpas a mis amigos te贸logos si de ahora en m谩s presento alguna herej铆a. Empero me resulta inevitable so帽ar con que, adem谩s, en un futuro (lejano o cercano), formaremos parte de un ej茅rcito inmensamente superior y sublimemente m谩s digno. Es que entonces cabalgaremos, ya no bajo las 贸rdenes del rey de Rohan, Th茅oden; tampoco junto a los jinetes alados y el rey polaco. Sino que avanzaremos bajo las 贸rdenes San Miguel Arc谩ngel (Apoc. 12, 7-9), junto a los coros y ej茅rcitos celestiales, junto a los santos del Se帽or, para poner fin al mal, y hacer reinar el bien para toda la eternidad.

Ver谩 que no traicion茅 mi palabra: no he descubierto absolutamente nada novedoso ni innovador (tal vez alguna herej铆a nueva, pero fue sin intenci贸n). Personifico a aquel aficionado que decidi贸 salir en un barco a buscar nuevas tierras que conquistar, y al bajar de su nave y clavar la bandera se dio cuenta que aquello que ve铆a como tierra nueva era, en realidad, la misma tierra que co-exist铆a hace siglos indiferente a la presencia de aquel navegante; porque, sin percatarse, era efectivamente era el lugar desde donde 茅l mismo hab铆a partido ignorando su origen. 

Espero no haberlo aburrido; me conformar铆a con que considere que estas l铆neas no fueron una p茅rdida de tiempo. Perm铆tame un 煤ltimo punto, una 煤ltima obviedad. Por gracia de Dios, sigue con vida, y, aunque sea rid铆culamente evidente, s贸lo en vida puede el hombre actuar, elegir. S贸lo en vida puede uno pelear por ser un hombre virtuoso; no difiera el enriquecimiento de su alma para el ma帽ana que nunca llegar谩. Es por esto, querido amigo, que 鈥pongo delante de ti al Bendito Sacramento鈥 en 脡l hallar谩s el romance, la gloria, el honor, la fidelidad y el verdadero camino a todo lo que ames en la tierra, y m谩s todav铆a: la Muerte鈥 (Tolkien, 1941, Tolkien a su hijo Michael, Marzo 1941). Entonces, lo animo a que tome su lanza, su casco, aliste su caballo, y forme parte de las filas de los jinetes de Rohan. Y ver谩 que si procura hacerlo, entonces ser谩 como aquellos grandes (a los ojos de Eru) hombres inmortalizados en los versos de los elfos, y entonar谩 gloriosamente el dulce canto: 鈥溌uerte! 隆Muerte! 隆MUERTE!鈥

FIN.

Cid Ludovico

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