Artículos de la Academia

Historia de una Ida y una Vuelta: La amistad de J.R.R. Tolkien y C.S. Lewis.

“Es una gran bendición tener amigos inoportunos y decididos que no le permiten a uno sumirse en un silencio permanente” (JRR Tolkien, Carta 131, 1951).


Una de las grandes amistades que se dieron en el Siglo XX, una de esas que marcaron un antes y un después en la literatura y en el pensamiento occidental, es la de John Ronald Reuel Tolkien y Clive Staples Lewis, que entre ellos se llamaban “Tollers” y “Jack” respectivamente.

Justamente el tema de la amistad es tan rico para realizar profundas reflexiones y tan conmovedor a nivel humano, por estar ligado a lo más profundo del ser, que daría para escribir libros enteros y no poder aun así cerrarlo por su interminable amplitud y sus innumerables implicancias.

Pero es un buen comienzo citar la frase de Tolkien que se menciona a principio de este texto: los amigos están para alentarnos, tal vez incomodarnos un poco pero todo en sabiendas de que este ser querido quiere lo mejor para nosotros. Son los que nos sacan de la oscuridad y la soledad en la que podemos encontrarnos. Son los que nos aceptan tal como somos.

Este artículo habla de “ida y vuelta”, no en el sentido egoísta de que si hacemos un favor, lo anotamos en la lista de cosas que nos deben, sino que al contrario: lo que damos al amigo es un don, un regalo y lo que nos dan, una deuda impagable que se debe agradecer eternamente.

Y esto es algo que Tolkien y Lewis entendieron muy bien lo dicho en los dos últimos párrafos. Bien lo dice “Tollers” en la carta 252 (1963) , poco tiempo después de la muerte de su amigo “Jack”:

“Teníamos una gran deuda mutua, y ese vínculo, con el profundo afecto que engendró, permanece”.

Veamos ahora cómo este “ida y vuelta” se ve de una forma tan clara en esta amistad ilustre, que marcó la vidas de los dos y, por tanto, la de millones de lectores apasionados a su obra:

UN ATEO ACÉRRIMO, HASTA QUE HIZO UN NUEVO AMIGO…

“La amistad con este último (Tolkien) marcó la caída de dos viejos prejuicios. Al entrar por primera vez en el mundo me habían advertido (implícitamente) que no confiase nunca en un papista, y al entrar por primera vez en la Facultad (explícitamente) que no confiara nunca en un filólogo. Tolkien era ambas cosas” (Lewis, 2016, p.160)

Pensar que C.S. Lewis llegó a decir en sus cartas de manera convencida que “todas las religiones, es decir, todas las mitologías para darles su nombre propio, son simplemente una invención del hombre: tanto Cristo como Loki”, suena impensado. Pero es así. La formación juvenil del que se transformaría en un famoso escritor estuvo a cargo de un ateo racionalista de apellido “Kirkpatrick”. Este tutor llevó a Jack en un comienzo de pasar de ser un anglicano a un negador absoluto de la existencia de Dios. La posterior participación de Lewis en lo que fue la Primera Guerra Mundial profundizó este distanciamiento de él y la fe.

Pero su pasión por la cultura medieval y los mitos antiguos llevaron a este curioso hombre, de manera providencial, a encontrarse con un señor de apellido Tolkien.

Fue en una de esas largas noches de charla y debate, donde las reflexiones de “Tollers” cambiarían para siempre la vida de quien, hasta ese momento, era un ateo convencido.

En una ocasión que también contaba con la presencia de Hugo Dyson, estas tres personas conversaron hasta altas horas de la madrugada sobre cuestiones de fe. Lewis afirmaba que el cristianismo era un mito, y que todos los mitos solo lo que hacían eran contar “mentiras bonitas”.

Luego de un importante monólogo de Tolkien, este lograría demostrar que lo mitos no son lo que afirmaba su amigo, sino que contenían mucha más verdad de lo que Lewis creía. Y también logró hacerle ver que la historia de Cristo era real.

Pocos días después, escribe “Jack” en una carta a Arthur Greeves:

“Cuán profundo estoy empezando a ver ahora: porque acabo de pasar de creer en Dios a creer definitivamente en Cristo, en el cristianismo. Intentaré explicar esto en otro momento. Mi larga conversación nocturna con Dyson y Tolkien tuvo mucho que ver con eso.”

EL PRIMER “FANÁTICO” DE LA PRINCIPAL OBRA DE TOLKIEN...

“Pero Lewis era un hombre impresionable, y a esto se sumaba su gran generosidad y su capacidad de amistad. La deuda impagable que tengo con él no es la «influencia», como generalmente se la entiende, sino el mero aliento que me daba. Fue durante mucho tiempo mi única audiencia. Sólo por él concebí la idea de que mi «material» podía ser algo más que un hobby privado. Si no hubiera sido por su interés y su incesante ansiedad por conocer más de él, nunca habría acabado «El Señor de los Anillos»” (Tolkien, Carta 276, 1965).

Si hay algo que le tomó mucho tiempo a John Ronald fue escribir su obra culmen, aquella que fue pensada inicialmente como una simple secuela de “El Hobbit” pero que terminó siendo la gran historia de la Tierra Media y uno de los libros más vendidos del Siglo XX.

Tolkien estuvo durante doce años escribiendo “El Señor de los Anillos” y otros cinco revisando y corrigiendo dicho texto, y más de una vez tuvo la tentación de abandonar el barco ante una tarea que le parecía interminable.

Aquí es donde C.S. Lewis jugará un papel fundamental. Fue durante todos esos años la “única audiencia” que leía y escuchaba del mismo Toller como avanzaba la historia, siendo el que lo motivó a terminarlo, ya que le resultaba fascinante lo que estaba recibiendo de su amigo.

Tolkien quedaría agradecido de por vida con Jack, y con mucha razón:


CONCLUSIONES SOBRE EL VALOR DE LA AMISTAD...

“Imaginen un mundo sin “El Señor de los Anillos” y sin “Las Crónicas de Narnia”. Si no fuera por la amistad entre Lewis y Tolkien, no los tendríamos” (Colin Duriez, Documental “Un hobbit, un armario y una gran guerra”)

La verdadera amistad es dar sin esperar nada a cambio, es agradecimiento eterno, es un motivador para alcanzar metas y un camino para encontrar la verdad. Es una refrenda fraternal y un incentivo afectivo, es luz y camino. Es, como dice el Dr. Eduardo Segura, “imagen prefigurada de nuestra resurrección” (2do Encuentro “JRR Tolkien: Un análisis de su obra y de su legado”).

El lazo entrañable que se estableció entre J.R.R. Tolkien y C.S. Lewis es una contundente prueba de todo esto. Sin esta relación, dos de las obras más conocidas del Siglo XX y que siguen alumbrando a un mundo opacado por la desesperanza hasta nuestros días, esas dos sagas no hubieran llegado nunca a nosotros.

Podemos decir que Toller y Jack fueron amigos de una manera ejemplar, una conexión tan humana como la de todos, con sus diferencias e incluso con alguna que otra discusión. Pero en la que prevalecieron esas “grandes historias” que nos enseñan siempre algo nuevo y nos emocionan hasta lo más profundo del ser.

Aprendamos más de este tipo de amistades, de esas sanas relaciones afectivas que nos enseñan a ser mejores personas, aquellas que nos ayudan a amar a Dios, a tener “entusiasmos sin medida, ardores apasionados de santo, sueños de heroísmo y arrojos de leyenda” (Beato Anacleto González Flores).



El Sr. Bombadil

Correo Electrónico: srbombadil@srbombadil.com

Bibliografía

- Carpenter, H. (comp.) Cartas de J.R.R. Tolkien, Barcelona, Minotauro, 1993.
- Tolkien, JRR. “El Señor de los Anillos”, Barcelona, Minotauro, 1993.
- Lewis, C.S. “Cautivado por la Alegría”, Madrid, Ediciones Encuentro, 2016.
- Hooper W. (comp.) “The Collected Letters of C. S. Lewis. Volume I. Family Letters 1905–1931”, Harper Collins
- Loconte J. “Un Hobbit, un Armario y una Gran Guerra. Como J. R .R. Tolkien y C. S. Lewis redescubrieron la fe, la amistad y el heroísmo en el cataclismo de 1914 a 1918”, Madrid, Larrad Ediciones, 2018.

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